martes, 17 de diciembre de 2013

Vía Crucis: 10ª estación


Jesús es despojado de sus vestiduras

Décima cruz: Permitir que te dejen al descubierto


Permití el estar desnudo, el que me quitaran también lo más íntimo. 
Permití que en mí se desarrollara hasta el final la maldad del infierno. Permití que deshonraran mi pudor y la intimidad de mi cuerpo.

Siempre deseas mantener para ti al menos una partecita de tu intimidad donde puedes estar solo, aquello que no deseas que nadie alcance, algo que es todo tuyo, algo de lo que incluso, te avergüenzas de tener, algo que los demás no pueden ver, ya que te deshonraría. 

Deseas cuidar y esconder esto. Piensas que tienes derecho a ello. 
Justamente aquí tienes miedo del pecado. De todas formas deseas resguardar tu intimidad. Por ella luchas, pero llega el momento en que ya no puedes conservarla.

También por esta cruz debes pasar. Son circunstancias en las cuales debes renunciar a todo, de tal manera que ya no tengas nada tuyo. Todos te quitan. 

Ofrece todo a Dios. 
La única intimidad inalcanzable seremos mi Padre y yo. La cruz no es solamente el desnudamiento del cuerpo. Más doloroso es aún cuando te desnudan el alma. Ya los pecados te desnudaron hace tiempo. 

Toma esta cruz y ya nadie podrá desnudarte. Permite al Padre que te dé vestimenta nueva. Entrégale tu intimidad y te cubrirá con la absoluta inocencia. Es en vano que te esfuerces para poder mantener solo la inocencia. Reconoce hoy que eres débil en este terreno.


Esto es la décima cruz - la de la vergüenza -, la cruz del deseo de permanecer inocente, la cruz del miedo a que alguien sepa de tus caídas. 

Toma esta cruz y me encontrarás pronto. 
Aquí te espero. No tendrás más miedo. Solo acepta que eres débil, que no eres distinto de lo que eres: un hombre con intimidad deshonrada. Aquí nos encontraremos y nadie podrá deshonrarte.

(*) (P. Tomislav Ivancic)