viernes, 16 de julio de 2010

María...


Creo que merece la pena leerla hoy de nuevo:

María
María, Madre del Señor y Madre Nuestra:
Hoy me dirijo a ti para presentarte una petición algo extraña y tal vez incongruente, cosa harto normal entre las características que acompañan a mis habituales súplicas.
Como no eres ajena a mi torpe entendimiento, excusarás mi expresión oscura y la lentitud de mi sesera a la hora de expresarte tales sentimientos.
Tú que tan bien me conoces sabes que nada hago a derechas sin tu ayuda y consejo.
¿Quien mejor que una Madre perdidamente enamorada de sus criaturas para ofrecerme la mejor opción?
Debo admitir con tristeza que te conozco desde hace poco tiempo. Pero bueno, mejor tarde que nunca, Madre… Lo importante es que hoy por fin sé lo mucho y bien que conoces a tus hijos, y lo extraordinariamente eficaz que eres para demostrarles tu amor maternal.
De esta gran ventaja no gozaba en el pasado, pues dado mi atroz agnosticismo, toda Tú eras una distante incógnita en mi vida. Y por ello viví con tropiezos y las heridas tardaban años en cicatrizar.

Vaya idiotez y cuanto tiempo perdido… ¡La cantidad de lágrimas que me hubiera ahorrado si hubiera sabido que existías!

Mira…, me viene ahora a la cabeza aquella trifulca que tuve a causa de mi primer amor de adolescencia. ¿Te acuerdas de cuando me dijo aquel muchacho que no me quería? ¡Vaya la que armé! Lloré, le insulté, pegué un portazo en la puerta de mi dormitorio y maldije el día que aquel pobre chico se había cruzado en mi camino. Y como consecuencia de mi rabieta y malos modales, encima mis padres me castigaron sin salir un par de fin de semanas.
Pero, claro, es que entonces yo no te conocía, Madre. Con esos dieciséis años llenos de pájaros en la cabeza y tantas bobadas rondándome el corazón, no me había planteado que el amor que perdía lo podía recuperar con tu consuelo de Madre, en tu sonrisa o con tu compañía. Porque yo no te prestaba atención.
Así son muchos jóvenes y así era yo. Ciega, atolondrada y necia.
Luego llegaron tiempos difíciles: universidad, interminables exámenes, pruebas intelectualmente complicadas, otros novios y muchas salidas. Y también penas. De esas muchas…

Pero, ¡ay!, triste ceguera la mía. Tampoco durante esos años tuve la bendición de descubrirte.

La vida siguió andando hacia delante y los malos momentos se transformaron en peores.
Y así llegó uno de los sucesos que más han marcado mi corazón y que tantas lágrimas me ha hecho derramar.
Mi querido y admirado padre fue engullido por una terrible enfermedad que lo llevó al cielo en seis meses.
Seis meses… Sólo seis pude disfrutar de él desde que le diagnosticaron su triste padecimiento. ¿Y para qué los utilicé? Pues para enrabiarme contra el mundo, dejarme invadir por la ira y desembuchar miles de obscenidades contra la vida misma.
Creo que fue entonces cuando miles de preguntas me comenzaron a enturbiar el alma. ¿Era acaso posible que un Padre Eterno fuera capaz de robarme al ser que más amaba en el mundo? Si tanto sufríamos y tan injusta era la llegada a nuestras vidas de tal infortunio, seguro que entonces no podía haber un Dios…
¡Pero cuan equivocada estaba, Madre!
Mi padre tan amado subió al cielo, pasaron los meses y un buen día me di cuenta de que tampoco la vida trataba bien a mi madre. Al fin la enfermedad la había visitado también. Claro que hoy aún, después de 24 largos años, sigue visitándola.

Su enfermedad de llama "Alzheimer", y tiene los dientes bien hincados desde esa eternidad en su cabeza, cuerpo y corazón.

Mi relación con Dios Padre y contigo, se volvió a consecuencia de tanta desgracia en algo casi inexistente…
No podía entender y no sabía explicar tanto dolor. Si Dios existía, ¿porqué trataba con tanta indiferencia a sus criaturas? ¡Ah! No había cabida en mi entendimiento humano tanto desprecio por parte de un Padre del que me decían que me amaba con locura…

¡Qué buena eres Madre! Y es que a pesar de mis rechazos y negro corazón, Tú rondabas ya mi vida. ¡Y cómo! Yo diría que con extraordinaria fuerza y cabezonería por tu parte. ¡Menuda eres Tú para dejar que tus bebés caigan en la desesperanza o en los peligros!
Paciente, tierna y tenaz, habías observado a tu niña desde siempre. Y habías hecho algo mucho más difícil: me habías adoptado como hija muy amada, respetada y cuidada, aunque me hubiera empeñado en expulsarte de mi corazón herido. ¿Y qué madre es capaz de recuperar a una hija cuando a esta no se le antoja reconciliarse? Sólo tú Madre, eres capaz de algo así.
Aún hoy no entiendo qué es lo que me pasó.

Después de pensarlo mucho he concluido que alguien desde el cielo debió de orar por mi. ¿Fue quizá mi querido padre humano? Sí, debió ser él, porque amándome como lo hacía y viviendo ya en el cielo, para él no fue difícil darse cuenta del gélido estado con el que trataba al que debe ser Amado entre los Amados; a ese Jesucristo a quien un día asesiné junto a toda la humanidad y que no debe ser más que el centro de todo y de todos. Pobre papá… Se le debieron poner los pelos de punta…
"¡Haz algo con esta hija mía!", debió gritarte. Y como en el cielo todos estáis muy juntitos, le debiste oír con claridad. Así que respondiste, como haces siempre…
Madre: aún no sé lo que me hiciste. Sólo que un buen día decidiste, por fin, dejarme sentir la llama de tu amor dentro de mi corazón. Fue sólo un segundo, ¡pero vaya segundo, Mamá!

Andando en plena calle y bajo el sol y la suave brisa de un mayo cualquiera, noté que se me posaba esa pequeña llama de Amor infinito sobre mi alma, así suavecito, como se besa a un recién nacido en la frente. Tan chiquita era que hasta te lo agradezco, ya que dada su consecuencia en mi vida, de haber sido más grande me hubiera matado de alegría.
Y entonces, este torpe intelecto del que te hablaba, empezó a echar alguna que otra lucecilla sobre la realidad de tu Omnipotente Existencia como Madre de todos los hombres, y eso me incluía a mí a pesar de ser la más torpe, ciega y necia entre tus criaturas.
Y así entendí que esa Existencia era algo vivo, latente y perfecto.
¡Qué vergonzoso descubrimiento saber por fin que nunca me habías abandonado! ¿Cómo había podido estar tan alejada de tu realidad de Madre? ¡Cuánto amor sintió entonces mi alma al ser bendecida con tales inexplicables entendimientos!

El gozo era tan infinito y sobrehumano, que pensé que era mejor morir que vivir con la tozudez que tanto me había acompañado durante mi vida.
¿Cómo el ser humano puede ser tan débil y vulnerable? Dios se lo ha dado todo y sin embargo utiliza su propia inteligencia para alejarle de su felicidad. Como si fuera de listos "matar" al Ser Infinito, al que más nos Ama, a quien más nos da.

¡Torpe, necia y débil es la razón humana en menesteres divinos! ¡Y qué bruto fue Adán metiéndonos en este lío!

Y así, poco a poco, (y como tampoco es de inteligentes suicidarse para intentar alcanzarte por la vía rápida), me sometí a ese amor tierno e infinito de Madre que tú te empeñaste en plantar en mi corazón durante ese leve e intensísimo segundo.
Ya te lo decía al empezar esta carta, como soy torpe y corta de sesera he necesitado algún tiempo para analizar este gran regalo. Pero no he perdido el tiempo, no, porque Tú, con ese amor inconmensurable de Madre, me has ido haciendo entender con la mayor de las dulzuras que nada importa más que el conocimiento y la entrega absoluta y voluntaria a tu Hijo y Señor.
Ahora sigo teniendo problemas, vaya, pues como todo el mundo. Pero mis problemas nada temen porque te siento a mi lado sea noche o aurora. Y nada temo Madre, porque sé que tú me vigilas y acompañas.
He aprendido a conocerte, a amarte y a entregarme a ti. ¡Y qué sorpresas me ha traído ese precioso y dulce conocimiento!
Como nunca acabaría de enumerar tantas virtudes de Amor, sólo diré que desde que te conocí ya no te digo que tengo un gran problema, sino que le digo al problema que tengo una gran Madre. Y que tiemble…, porque es mucho más fuerte que el primo de Zumosol.

Ya te lo decía al principio de nuestra charla…: soy corta de entendimiento, y por eso ahora se me ha olvidado lo que te quería pedir.
Pero, bueno… No importa. ¿Cómo va a importar si sé que Tú sí lo recordarás y te encargarás de solucionar aquello que me turba? Y es que en tus manos estoy protegida, porque eres mi Madre… La más amorosa, poderosa y bella de todas las Madres.

Mª Vallejo-Nágera
http://www.mariavallejonagera.com/



12 comentarios:

Anónimo dijo...

Estupendo testimonio sobre María, especialmente hoy en su onomastica.Ya es hora que nos demos cuenta que María está con nosotros las 24 horas, y además ¿a cúanta gente nos habra acercado a descubrir a su hijo Jesús?

Buena idea lo de la Salve Marinera.

Un abrazo. JPR

Anónimo dijo...

Una gallega
El día de Nuestra Señora del Carmen, es muy especial para mí. La Virgen necesitaba un ángel y en este día Dios se llevo a mi hermana Rocío. Dios sabía que yo necesitaba un pedazo de Ángel de la guarda, por lo desastre de mujer que soy, que mejor, que mi propia hermana. Ella es la que me ayuda a no desviarme, del camino del Señor. La Virgen del Carmen es la Patrona de mi trabajo, mis compañeros dicen que yo nací con una estrella y ellos estrellados. La verdad, es que siempre tuve mucha suerte en mi trabajo y lo más importante, mi trabajo nunca fue un impedimento para cumplir los mandatos y preceptos del Señor. Mi trabajo es incompatible, para poder seguir a Jesucristo. Yo tengo a mi hermanita mi ángel de la guarda, junto con la Virgen, las que se encargan de que mi trabajo no sea ese impedimento para seguir a Jesucristo. Incluso mi nombre significa en hebreo Estrella, como la Salve Marinera, “Estrella de los Mares” no todo sucede por casualidad. Cada día estoy más convencida, de que es voluntad de Dios el que yo este en mi trabajo y para terminar gracias a mi trabajo conocí a Jesucristo, entre en la Iglesia, que curioso, verdad. Dios es impresionante.

Angelo dijo...

Hablar de María a cualquier hora siempre es una oportunidad de amarla y propagar el amor que como hijos sentimos. Cada advocación nos hace reflexionar sobre ella y tú no dejas de que se nos olvide buscarla siempre. Gracias popr ello. Un abrazo

Juanjo dijo...

Un bello testimonio. Cuando estaba en la Marina, cantábamos la Salve todas las mañanas a las 7:00 am, en formación en el patio del cuartel. Qué buenos tiempos. Qué pena que se hayan perdido tantas cosas..

Anónimo dijo...

Una Gallega
En la armada, todavía al ocaso, cuando se arría La Bandera se reza una oración, la verdad no se cuanto tiempo le queda, pero tengo el presentimiento, de que también se quitará. La oración es esta:
“Tú que dispones de viento y mar, haces la calma, la tempestad. Ten de nosotros, Señor piedad, piedad señor, Señor piedad” Mientra suena la oración, uno se pone firme y se saluda de forma militar. (Esta parte me encanta, ponerse firme ante Dios Padre todo Poderoso, para darle las buenas noches)

jmp dijo...

Saludosss JPR, Gallega, Angelo y Juanjo... muchas gracias por vuestras visitas y comentarios...
No querréis de verdad que os cuente por aquí mis experiencias de la mili... ni os imagináis como suena y como se siente esa Salve marinera o esa Oración a la puesta del sol navegando a vela en medio del océano a bordo de mi querido J.S. de Elcano...
uufff... sniff...
Abrazooos

jmp dijo...

Gallega creo que ya va siendo hora de te vayas planteando tener tu propio blog y regalarnos así tus fantásticos testimonios... y ya ni te cuento a la vuelta de tu 2º Medjugorjeee... (que envidia más sana me está entrando...)

Anónimo dijo...

Una gallega.
Primero, que la informática no es lo mío, lo segundo, Dios no me dio el don de expresarme escribiendo, soy un cero a la izquierda, además mucha gente pensaría que estoy como una “cabra”, sino pregúntaselo a mis hermanos de comunidad.
Debido a mí trabajo y por lo que soy, tuve que hacer una solicitud a Madrid para poder ir a medjugorje, ya que era o es un país un poco conflictivo. Mi jefe, al que tú conoces ayer me pregunto, a que voy a Bosnia. Aprovechando la situación le hablé de la Gospa, si tú supieras con que cara me miraba, creo que estará llamando a Madrid para que le mande a otra persona, que esté mejor de la cabeza o unos de estos días me mandarán hacer un reconocimiento psicológico. Le deletree el nombre de medjugorje y que lo buscara en Internet, que allí se lo explica mejor que yo. El nombre lo escribió, pero no se, si lo hizo.
Sabes una cosa, que me da igual lo que piense mi jefe, si Dios está conmigo a quien, puedo temer. Como decía Los laúdes de esta mañana “ a la sombra de tus alas canto con júbilo y tu diestra me sostiene”.
Te voy echar de menos, piénsatelo bien, recuerda lo que te dije, aquí estoy, para lo que necesites.

jmp dijo...

Un millón de Graciaaas gallegaaaa...
Ya sabes que yo tambien te echare de menoos... (bastante más de lo que imaginas...)
Dile a tu jefe que fuimos juntos el año pasado... y que fuimos de los pocos (sinó los únicos...) gallegos (o ferroleiros...) que nos dignamos acercarnos a "saludar" a la Gospa...
Un abrazooo... que el Buen Dios te bendiga.

BLOGUEROS CON EL PAPA dijo...

Hola jmp, sería un honor poder contar contigo como seguidor e incluso si lo deseas como autor del blog del Papa para que subas algún post cuando buenamente tengas tiempo, te esperamos, anímate.

Un abrazo.

BLOGUEROS CON EL PAPA dijo...

Y enhorabuena de corazón por tu blog, lleno de amor al Señor y a Nuestra Madre.

jmp dijo...

Un abrazo y mil gracias por la invitación... será dificil colaborar, pero desde luego contad con todo mi apoyo