
"Por intercesión de María, el Dios cristiano privilegia ese rincón del mundo [Lourdes] interviniendo en las almas y, también, en los cuerpos, en la materia, de forma humanamente inexplicable.
Tienen lugar "milagros", signos del poder divino; y suficientemente numerosos y evidentes para confirmar a los creyentes en su fe, para revigorizar a los inseguros y azuzar a los tibios y para inducir a aceptar el encuentro con el evangelio de quién está alejado.
Pero esta luz que emana de la gruta, aunque suficiente para iluminar, no es tanta como para cegar. La posibilidad indispensable de duda - la "verosimilitud de la solución contraria" (diciéndolo con Guitton) - queda salvaguardada también aquí.
Salvaguardando, de esta forma, la libertad del hombre para rechazar el encuentro; y, al mismo tiempo, garantizando la libertad de Dios para perdonar el rechazo.
Por tanto, los incrédulos que pretenderían de Lourdes ( como en general de todo lo ligado a la fe) el "milagro innegable" - la famosa "pierna crecida de golpe" - no sospechan siquiera que, si eso no ocurre de forma muy espectacular, como un número de un ilusionista, es por misericordia.
Como si Dios, de alguna forma, limitara su poder para limitar así, también, la responsabilidad de quien lo niega.
Sí, responsabilidad.
Porque la sospecha de Georges Bertrin [...], es fundada: "Alguien encontraría siempre algún pretexto"[...] "Menearían la cabeza y pedirían siempre otra performance distinta y, así, hasta el infinito".
Sin embargo, de esta manera, aumentaría su "culpa", serían realmente"reos", según las palabras de Pablo: "Hasta el punto de que no tienen excusa porque, conociendo a Dios, no lo glorificaron ni le dieron gracias; por el contrario, su mente se dedicó a razonamientos vanos" (Rm 1,20-21)".
Extraído del libro: "Hipótesis sobre María" de Vittorio Messori (Ed. Libros Libres - http://www.libroslibres.info/ )